6 nov 2016

El senador Pacquiao, campeón mundial wélter

[Publicado en El Español]
A sus 37 años, el sorprendente Manny Pacquiao vuelve a proclamarse campeón mundial al arrebatar el cinturón de la WBO del peso wélter al californiano Jessie Vargas con una clara victoria por puntos. Es éste un título que Manny ya poseyó en el pasado en dos ocasiones, uno más para su interminable colección de trofeos desde que debutó como profesional con 16 años por unos pocos pesos.

Ahora el excepcional púgil filipino vuelve a hacer historia como el primer senador que obtiene un título mundial de boxeo. La decisión fue unánime. Dos jueces puntuaron el pleito 118-109 mientras que el tercero, Dave Moretti, dio el triunfo a Pacquiao por un incomprensiblemente escaso 114-113.

Era la primera defensa que hacía el estadounidense. Manny mostró un poderío físico y una velocidad realmente impropia de un púgil de su edad. Con su boxeo de zurdo y la utilización de ángulos en sus ataques dominó a Vargas durante la mayor parte de los asaltos. Incluso en el segundo round, Manny derribo al campeón con su tradicional directo de izquierda. El filipino, siempre ambicioso, declaró tras el combate que intentó buscar en todo momento la victoria por KO, pero no fue capaz de conseguirlo. Pacquiao sigue siendo excepcional, pero no gana un combate antes del límite desde 2009.

El récord del filipino es ahora de 59-6-2 (38) mientras que el de Vargas queda en 27-2 (10)

POSIBLE REVANCHA CON MAYWEATHER
Los más de 16.000 espectadores que se dieron cita en el Thomas & Mack Center de Las Vegas, como siempre, se volcaron con Pacquiao, coreando su nombre durante todo el combate. Y bien visible, en el ringside, Floyd Mayweather concitaba todas las atenciones. Lleva un año retirado, pero anoche más que nunca se volvió a hablar de la posibilidad de que regrese a los cuadriláteros para obtener su quincuagésima victoria, precisamente ante Pacquiao, con quien en mayo de 2015 protagonizó el combate que batió todos los récords económicos de la historia.

Pese a que el primer enfrentamiento entre ambos resultó decepcionante, a día de hoy, un reencuentro entre Manny y Floyd generaría de largo muchísimo más dinero que cualquier otro combate.

Tras su última victoria ante Tim Bradley, en abril, Pacquiao había anunciado su retirada del boxeo para centrarse en la política y en el mes de mayo fue elegido senador en su país natal, Filipinas. Pero poco duró su no muy convencida jubilación. Pacquiao tardó poco en descolgar los guantes y anoche demostró que, si bien nunca volverá a ser la diabólica máquina de combatir que maravilló especialmente entre 2005 y 2010 con espectaculares triunfos ante boxeadores como Erik Morales, Marco Antonio Barrera, Juan Manuel Márquez, Óscar de la Hoya, Ricky Hatton, Miguel Cotto y Antonio Margarito, el senador, pese a su edad y sus batallas, es mejor que la mayor parte de los boxeadores de su categoría.

No es el que era, pero no tuvo excesivos problemas para imponerse a un campeón que tenía un estilo que le venía al filipino como anillo al dedo. El californiano de sangre mexicana, diez años más joven que él, era el campeón del wélter que, por categoría y estilo, menos complicaciones le podía ofrecer a Pacquiao. Parecía hecho a su medida. A pesar de estar ya en su cuesta abajo deportiva, Manny lució más rápido y con más movilidad que su oponente e incluso acabó con más fuelle en el tramo final.

Jessie Vargas no deja de ser uno de esos boxeadores que llegan a obtener un título mundial por la grotesca proliferación de organismos, buen púgil pero con limitaciones ante la verdadera élite. Aun así, el filipino hubo de tragarse durante el combate numerosos derechazos de Vargas, que de haber sido un púgil con mayor plomo en sus guantes podrían haber variado el rumbo del combate. Pero PacMan sigue emocionando y su tirón es indiscutible. Su enfático triunfo deja claro que volverá a subirse al ring.

Ya han comenzado las conjeturas sobre quién será el próximo oponente del senador electo, y se empieza a hablar de boxeadores como Adrien Broner, Amir Khan o campeones como Danny García, Keith Thurman o Terence Crawford. Todos ellos, sin duda, rivales muchísimo más complicados que Vargas. Aunque de momento son solo tiros al aire, Pacquiao y su promotor, Bob Arum, serán cuidadosos a la hora de seleccionar el rival. En realidad el sueño del filipino es cerrar su carrera con un multimillonario combate de revancha contra Mayweather.

Pacquiao ha ganado durante su carrera más de 450 millones de euros, de los que ha destinado una parte muy importante a obras sociales en su país. Si indiscutiblemente Mayweather ha sido el mejor de las últimas décadas, Manny ha sido el más querido y el que más ha emocionado a los aficionados. Frente a Vargas demostró que es capaz de compatibilizar sus tareas como senador con las de un campeón de boxeo. Está dando sus últimos coletazos deportivos pero aún le queda mecha para un par de combates. Tendrá que saber rentabilizarlos, tanto deportiva como económicamente.

Tras lo de anoche, y ante la falta de figuras en la actualidad que se les asemejen en carisma y tirón popular, en los próximos meses se volverá hablar del Mayweather-Pacquiao II más que de ningún otro combate.

21 oct 2016

Bernard Hopkins, el increíble abuelo del boxeo

[Publicado en El Español]
El próximo 17 de diciembre, a tan sólo un mes de cumplir 52 años, en el mítico Forum de Inglewood, Bernard Hopkins se subirá al ring por última vez. Y lo hará enfrentándose a Joe Smith Jr, un peligroso rival, 24 años más joven que él, con un fantástico récord y que viene de obtener el triunfo más importante de su carrera. Fiel a su filosofía, nada de peritas en dulce. Dejará atrás 28 años de profesionalismo y una de las carreras más sobresalientes y asombrosas de la historia del boxeo.

Un caso realmente insólito de longevidad deportiva sin parangón. ¿Alguien es capaz de imaginarse a un cincuentón en la NBA, en la Liga de Campeones de fútbol o en un Grand Slam de tenis? Bernard Hopkins es 13 años mayor que Gianluigi Buffon y 11 años mayor que Dino Zoff cuando fue campeón mundial con Italia. Y son porteros, que en un jugador de campo esas edades serían inconcebibles. El camerunés Roger Milla jugó un Mundial con 42, casi diez menos de los que tiene ahora Bernard. Tiene 15 años más que Xavi Hernández, por poner otro ejemplo. Y eso es en una cancha, que envejecer en un ring es mucho más complicado y peligroso. “Ya me llamaban viejo cuando con 35 años noqueé a Félix Trinidad”, suele recordar Hopkins.

Está muy lejos de la figura decadente del boxeador que alarga su carrera en una cuesta abajo sin sentido. Al revés, él sigue siendo élite, uno de los mejores. Sin duda el que más sabe. Su físico es portentoso para su edad porque nunca ha dejado de entrenarse y cuidarse en todos los aspectos: ni drogas ni alcohol y una alimentación minuciosamente estudiada.

Su porte es de una innata elegancia, tanto en ropa deportiva como con sus trajes a medida. Cabeza afeitada y nariz picassiana, resultado de sus largos años ejerciendo la profesión de guerrero. Fuera del ring, sonríe y nos muestra el llamativo hueco entre sus incisivos centrales. Pero conserva una mirada que a día de hoy sigue reflejando un toque de tristeza a pesar de todo lo que ha llegado a conseguir. Una tristeza que se quedó ahí anclada los días en los que no se le conocía por su nombre, sino como el recluso Y4145 del penal de Graterford.

Lleva dos años sin subir al ring desde que perdió sus títulos ante el temible noqueador ruso Sergey Kovalev, que tan sólo pudo vencerle a los puntos. Y ahora ha decidido despedirse con otro complicado combate. No lo hace por dinero, que Hopkins ha ganado mucho y ha invertido bien. Además, tiene su futuro garantizado como parte de Golden Boy, la promotora de su amigo Óscar de la Hoya, al que, por cierto, Hopkins noqueó en su día con un tremendo zurdazo al hígado. Fue éste, en 2004, su último KO. Desde entonces, doblega a sus adversarios, más fuertes, más rápidos y más jóvenes que él, con su maestría y experiencia.

Hopkins es el boxeador que se ha proclamado campeón mundial con más edad, superando el récord del viejo George Foreman. Lo hizo con 46 años, cuando derrotó a Jean Pascal para hacerse con el campeonato mundial WBC del semipesado en 2011. Batió de nuevo su propio récord en 2013 con 48 años, un mes y 22 días, al derrotar a Tavoris Cloud por el título de la IBF. Su última defensa exitosa, en la que además se hizo también con el título de la WBA contando con 49 años, dando una lección de boxeo ante Beibut Shumenov.

Pero no sólo eso. El maestro de Filadelfia fue además campeón mundial unificado del peso medio. Reinó durante diez años, de 1995 a 2005, con 20 defensas del título, récord histórico en la categoría reina del boxeo, superando con creces las 14 del legendario Carlos Monzón. Campeón en dos pesos, a lo largo de su carrera ha derrotado a 16 campeones mundiales. Destaca que además acabó con la condición de invictos de boxeadores como Glen Johnson, Félix Trinidad o Kelly Pavlik. Su lugar en el Salón de la Fama del boxeo está garantizado y es, sin duda, uno de los más grandes maestros de la dulce ciencia de todos los tiempos.

CARNE DE CAÑÓN
No está nada mal para un producto del más duro gueto del norte de Filadelfia, ciudad de boxeo por antonomasia, nacido en una familia de ocho hermanos, a quien sus profesores le vaticinaron que no llegaría a cumplir los 18 años. Se equivocaron, aunque por escasos centímetros. Con 14 años le clavaron un picahielos que le perforó el pulmón y que estuvo muy cerca de alcanzarle el corazón. Un año más tarde, le clavaron un cuchillo por la espalda. Y no fue la última. Carne de cañón.

Primero, de niño, empezó prestando protección a quien lo requería, muchas veces a chicas o a sus compañeros más débiles si eran acosados. No lo hacía gratis, normalmente pedía a cambio un sándwich de mantequilla de cacahuete y plátano. Luego empezaron los líos. Le gustaba apostar y, ganase o perdiese, siempre volvía con dinero a casa. Si no llevas ropa buena y cadenas de oro, no eres nadie en el gueto. Robos, hurtos y otros delitos. Eso sí, siempre con sus códigos: jamás robó a una mujer y jamás disparó un arma. Sabía utilizar dos herramientas que tanto juego le darían mucho más tarde en el ring: la psicología y la intimidación.

Pero con 17 años, y más de 30 visitas a los juzgados, con nueve delitos, le condenaron a 18 años de prisión. En la cárcel de Graterford, Y4145 tuvo que convivir con violadores, pederastas, asesinos y mafiosos. Allí vio con sus propios ojos cómo un recluso asesinaba a otro con un punzón en una discusión por una cajetilla de tabaco. También allí, en el limitado tiempo que tenían para utilizar el teléfono, y con otro preso dándole palmadas en la espalda para que se diera prisa porque ya había rebasado su turno, su madre le comunicó que su hermano Michael estaba muerto. Le habían pegado un tiro por la espalda. Era el momento de cambiar.

Algo hizo clic dentro de la cabeza de Bernard. Empezó a estudiar y a leer. Tuvo la suerte de que la prisión en la que estaba internado era una de las seis que habían puesto en marcha un programa de boxeo. Bernard ya tenía alguna experiencia, aunque poco seria. Y al boxeo se aferró para no volver a torcerse. Este deporte y el Islam, religión a la que se convirtió estando preso, regirían su vida a partir de entonces y ya para siempre. La dedicación de Bernard por el boxeo fue completa. Sabía que era la mejor terapia para mantenerse sano física y mentalmente. Y empezó a dar sus frutos. En cuatro ocasiones consecutivas sería campeón penitenciario en el peso medio.

Tras sacarse un título escolar, y en parte gracias a sus éxitos como boxeador, Hopkins, con 23 años, salió finalmente de Graterford. Allí estuvo encerrado 56 meses, casi cinco años. Ahora, tenía que afrontar los nueve siguientes en libertad condicional, en los que sabía que el más mínimo desliz supondría volver a vivir entre rejas. “Seguro que muy pronto estarás de nuevo por aquí”, se despidió de él uno de los guardianes de la prisión. “No, aquí ya no vuelvo nunca más”, respondió Bernard.

Fuera, las cosas habían cambiado. La mayoría de sus colegas estaban muertos o encerrados. Tenía claro que no iba a volver a delinquir, pero el título que se había sacado en la cárcel tampoco daba para mucho. Su única vía de escape era el boxeo. Era la más lógica, además. Pero su debut en el boxeo rentado fue desastroso. A Bernard le pusieron frente a un boxeador de mayor experiencia y que era un semipesado, demasiado grande para él. Perdió por decisión mayoritaria. Salió defraudado consigo mismo y no volvería a subir a un ring hasta 18 meses más tarde.

CAMPEÓN DE LEYENDA
Fue a partir de ponerse a trabajar con el entrenador Bouie Fisher (años más tarde lo sustituiría su discípulo Naazim Richardson) cuando realmente la carrera de Hopkins despegó. Disputaría 49 combates consecutivos en los que tan sólo salió derrotado en una ocasión, a los puntos ante Roy Jones Jr la primera vez que disputó el Mundial. Reinó en el peso medio a los 30 años, y es el único boxeador que ha sido capaz de hacerse en una categoría con los cuatro títulos de las organizaciones más importantes. En total, 10 años de reinado con 20 defensas exitosas. Más que suficiente para ganarse su sitio entre los más grandes del boxeo.

Tras perder sus títulos en dos combates muy apretados ante el imbatido Jermain Taylor, daba la impresión de que Hopkins, con 40, se iba a retirar definitivamente. No fue así y de nuevo buscó el más difícil todavía. Subió de golpe dos categorías para buscar la gloria en el semipesado, categoría en la que, a pesar de dos derrotas por puntos ante Joe Calzaghe y Chad Dawson, también fue capaz de hacerse con los títulos de la WBC, la IBF y la WBA. El último de ellos, con 49 años.

AJEDREZ EN EL RING
Otro de los aspectos más llamativos de su longeva carrera es la manera en la que, con los años, Hopkins ha ido cambiando su estilo. En sus años de hegemonía en el peso medio, era un peligroso noqueador. Pero sobre todo a raíz de subir de categoría, y según sumaba años, el Ejecutor dio paso al Alien. Sabía que se enfrentaría a púgiles que le superaban físicamente en todo: más jóvenes, más rápidos, más fuertes. Pero no más inteligentes.

Ha sido siempre un maestro de los aspectos psicológicos de una batalla. En las presentaciones o en los pesajes, Hopkins manipula, toca, prueba, mide y busca dudas y debilidades en sus rivales. Es un estudioso de “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu y aplica todos sus principios en el ring. Es un dominador de las artes perdidas del boxeo, de la finta, del engaño, de la provocación y del falso golpe. Es especialista en que los buenos parezcan malos, porque no les deja hacer lo que quieren hacer.

Sus rivales dudan. Si ven un hueco, no saben si es un descuido que pueden aprovechar o si es una trampa que les ha tendido el viejo zorro. Sabe fallar golpes a propósito para provocar la reacción y el movimiento deseado en su rival. Bernard es como el buen jugador de ajedrez, que cuando hace un movimiento lo hace previendo lo que va a pasar en los siguientes cinco o seis.

En Canadá, por ejemplo, la noche que conquistó el Mundial semipesado a los 46 años, Hopkins dominaba con su mejor boxeo al fortísimo Jean Pascal. Quería evitar que su rival albergase la esperanza de que, en los últimos rounds, el viejo retador se iba a cansar. Cuando iba a comenzar el séptimo asalto, el abuelo Hopkins esperaba en el centro del ring a su sorprendido oponente, 18 años más joven que él, mientras hacía flexiones de brazos.

En ocasiones, no siempre, dependiendo del estilo del rival, su boxeo provoca combates poco vistosos para el aficionado, que busca más la acción y la emoción que la maestría y el arte. Algunos de sus enfrentamientos fueron calificados de farragosos y aburridos. Incluso, en alguna ocasión, su boxeo ha provocado abucheos. Pero eso a Bernard no le influye: “Me da igual, soy de Filadelfia y he visto a gente abuchear hasta a Santa Claus”.

Tampoco, como Jack Dempsey, Fritzie Zivic o Harry Greb, tiene reparos en bordear el reglamento. Un cabezazo o un golpe bajo, aprovechando el lado ciego del árbitro, son recursos que ha utilizado en más de una ocasión. O como le confesaba al respecto al gran escritor Thomas Hauser, “hay un tiempo para ser humilde y un tiempo para la guerra. El boxeo no es una broma, es algo serio, una guerra. No estamos en la iglesia, estamos peleando”.

Ahora que se retira, seguirá vinculado al boxeo como parte de la promotora Golden Boy y continuará apareciendo como comentarista de televisión. Nadie hay capaz como Bernard de ver y entender todo lo que acontece en un ring. Podrá dedicar más tiempo a su mujer, Jeanette, y a sus tres hijos. Seguirá también, como hasta ahora, muy activo con obras sociales, charlas a jóvenes y visitas a hospitales, cooperando con organizaciones benéficas. Jamás ha olvidado de dónde procede. Bernard Hopkins es una figura que, por conocimientos y también como ejemplo de superación, el boxeo no puede desaprovechar.
El próximo 17 de diciembre se cerrará así una de las carreras más extraordinarias de la historia del deporte. Quiere irse a lo grande y promete buscar un triunfo por KO. Eso es casi ya lo de menos. Lo importante es que nos despedimos de una figura fantástica y, sobre todo, irrepetible.

7 jun 2016

El verdadero idiota

[Publicado en Espabox]
Escribo estas líneas desde la tristeza por la muerte de Muhammad Ali, al que siempre he admirado como deportista y como ser humano. Con sus sombras y errores, por supuesto, como todos los héroes. Siempre dije que si me hubieran dado la oportunidad de pasar cinco minutos con cualquier personaje de la historia, le hubiera elegido a él. 

También las escribo desde la decepción con un periódico como El País, tradicionalmente opuesto al boxeo, como figura en sus principios editoriales, pero que en los últimos meses había publicado algunas informaciones relacionadas con el boxeo en sus páginas de cultura. Incluso he leído en este diario algunos artículos y hasta el obituario dedicado a Ali, escritos con respeto a pesar de algunas imprecisiones históricas. Pero, sobre todo, las escribo desde la indignación por la bajeza de un escritor, por muchos premios que le hayan otorgado.

El artículo “El idiota” de Sergio Ramírez, publicado en el diario El País el pasado 5 de junio con motivo de su fallecimiento, es una nauseabunda falta de respeto a una figura como Muhammad Ali, de reconocimiento universal, un luchador que hasta sus últimos días ha sido ejemplo de valentía y dignidad. En su descripción distorsionada del combate ante Frazier en Manila, ni me molesto en entrar. Pero tildar a un enfermo de párkinson de lerdo idiota me parece, además de una falta de rigor, una falta de humanidad solamente explicable desde algún tipo de rencor o una personalidad cargada de complejos en quien lo escribe. Una lamentable ofensa que se hace extensiva a todos los aquejados por tan terrible y cruel enfermedad.

Del Ali boxeador he admirado incluso más su valentía y su carácter que su inmenso talento. Como luchador por una causa, se esté o no de acuerdo con ella, su generosidad por renunciar a todo por defender sus ideas. A veces con el paso del tiempo podemos perder la perspectiva real de una decisión ¿Se imaginan a un deportista de la talla de Messi o Cristiano Ronaldo dispuesto a perder cuatro temporadas de su carrera, las de sus mejores años, con alto riesgo de no volver a jugar nunca más e incluso de ir a la cárcel, renunciando a sus millonarios contratos, a la Champions, al Balón de Oro, a sus contratos publicitarios? Pues eso es lo que hizo Ali. Por principios. Como para que venga ahora un señor a buscar notoriedad faltándole al respeto.

Pero si hay un aspecto en el que he admirado aún más a Muhammad Ali es en la manera orgullosa, digna y valiente de llevar tan temible enfermedad. Una enfermedad en la que los mejores doctores que han tratado y estudiado el caso de Ali coinciden en que no tiene que ver con su actividad como boxeador. Un síndrome que afectaba gravemente su capacidad de movimiento y su habla, no su raciocinio. Quien en su día fue el peso pesado más veloz de la historia tenía dificultades para moverse sin ayuda; al deportista más locuaz y sorprendente en sus rápidas respuestas, le costaba trabajo hacerse entender. Un desenlace duro y cruel. Pero el Ali enfermo dio paso de nuevo al Ali luchador. 

Cuando en la ceremonia de apertura de los juegos de Atlanta 96, aceptó ser el encargado de encender el pebetero olímpico ante los ojos de millones de espectadores, mostrándose ante el mundo enfermo, débil, tembloroso y vulnerable, pero orgulloso y digno, protagonizó uno de los ejemplos de amor, valentía y generosidad más grande que se recuerde en la historia del deporte. De nuevo eligió el compromiso frente a la comodidad. Una nueva declaración de intenciones y un nuevo ejemplo. Aunque después de leer el citado artículo, parece que alguno no supo o quiso entenderlo.

El mismo Muhammad Ali nos habló de su actitud frente a la enfermedad en su libro “The Soul of a Butterfly”, una maravillosa lectura imprescindible para entender a un personaje tan carismático y complejo. Me permito reproducir aquí algunas líneas: 
“Hay miles de personas en el mundo, todos los días, a los que se les diagnostica el párkinson y otras enfermedades. Y sé que muchas de ellas me miran en busca de orientación. Cuentan conmigo para ser fuertes. Saber esto me proporciona parte de la fuerza que me hace falta para seguir adelante. Es una de las razones por las que sigo viajando y haciendo apariciones por todo el mundo. Viviendo mi vida públicamente espero demostrar a todos aquellos que padecen alguna enfermedad de cualquier tipo que no se tienen que esconder o que sentir avergonzados.

Cuando me diagnosticaron párkinson no sabía qué dirección iba a tomar mi vida. No me gustaba la idea de tener que depender de medicinas. Durante un tiempo me negaba a tomar los medicamentos. Incluso hubo un período en el que no quería hacer entrevistas en televisión, principalmente porque no quería que la gente sintiera pena por mí y tampoco quería decepcionar a mis admiradores. Mis temblores y mi voz atenuada se me hacían difíciles de aceptar al principio.

Pero después me empecé a dar cuenta de que mi forma de afrontar la enfermedad iba a tener un efecto en otras gentes que sufren el párkinson u otras enfermedades. Saber que ellos cuentan conmigo me da fuerza. Y una vez más me doy cuenta de que yo necesito a la gente tanto como la gente me necesita a mí. Ahora estoy en paz, como nunca antes y no siento pena de mí mismo, así que no quiero que nadie sienta pena por mí”.

Muhammad Ali fue un joven negro al que un día le robaron su bicicleta, que se convirtió en el rostro más reconocible del planeta y cuya fotografía ha presidido millones de paredes en habitaciones y despachos de gentes de distintas generaciones alrededor del mundo, incluidas las de la oficina electoral del ahora presidente Barak Obama, quien siempre le tuvo como modelo, ejemplo y referencia. Un luchador que hasta su último aliento nos ha dado una lección de serenidad y generosidad.

De idiotas y lerdos, por desgracia, está el mundo lleno. Y la inmensa mayoría de ellos jamás se puso unos guantes de boxeo, que para eso hacen falta atributos muy especiales. Releo lo escrito por Ramírez, por si acaso, pero me reafirmo en mi primera impresión. A pesar de los muchos premios que le han dado como escritor y cuentista, lo de “El Idiota”, más que el título del artículo publicado por El País, debería haber sido la firma de quien lo escribe. Hubiera sido mucho más justo y acertado.

16 mar 2016

"El gran problema del boxeo son el caos organizativo y la proliferación de títulos"

[Entrevista para Nostresport] 

Cuéntenos en primer lugar cómo se acerca al mundo del ring y de dónde viene esa afición tan fuerte.
Vengo de una generación en la que el boxeo siempre estuvo presente y recuerdo cuando era un niño como se vivió el triunfo de José Durán en Japón, por poner un ejemplo, o como tuve de regalo de reyes unos guantes de boxeo y un punching ball. Y también, como a otros muchos de mi generación, la película de Rocky me marcó de chaval. A partir de ahí me tragaba cualquier combate que pudiera verse en televisión y me empecé a comprar revistas, libros y todo lo que caía en mis manos, de forma compulsiva.

Es un deporte muy desconocido por todo aquel que no sea aficionado y con grandes lagunas y prejuicios, ¿verdad?
En otros países no ocurre lo mismo, pero aquí, en España, ha habido mucho tópico, mucho desconocimiento y mucha influencia de cierto tipo de cine. Cuando cuentas que tu pasión es el boxeo parece que te tienes que justificar porque enseguida lo asocian a aspectos negativos. En otros lugares no ocurre lo mismo. 

Cuando les cuentas que eres periodista y te que dedicas al boxeo, te mencionan a Hemingway o a Norman Mailer, o inmediatamente te relatan lo mucho que admiran a Muhammad Ali o cualquier otro boxeador. Aunque también creo que, afortunadamente, esa visión negativa del boxeo cada vez va siendo más anacrónica y residual. Pero está claro que en España la imagen del boxeo aún paga ciertos postureos de progresismo mal entendido que ciertos sectores intentaron imponer décadas atrás.

¿Qué grandes mitos destacaría en toda la Historia? ¿Y en España? Aunque la lista es casi infinita…

Hay tantas grandes leyendas del boxeo que es muy difícil escoger. Pero hay dos que siempre me gusta destacar porque, además de haber sido grandes campeones, trascendieron lo meramente deportivo y tuvieron un impacto histórico y sociológico como ningún otro deportista. Se trata de Joe Louis y de Muhammad Ali. 

La importancia y la influencia que tuvieron en la sociedad de su época son tremendas, inalcanzables para ningún otro deportista de la historia. No solo son boxeadores, son personajes históricos. No hay ningún otro deportista que se les pueda acercar en este sentido. En España ha habido también grandes figuras y sería injusto citar solo a unos pocos.

Realiza conferencias y charlas. ¿Cuáles han sido las más destacadas y qué proyectos tiene?
Lo de las conferencias es algo más ocasional pero que he disfrutado mucho. He dado algunas sobre boxeo y música. Recientemente, en el Centro Sefarad de Madrid, di una conferencia titulada “Judíos en el ring”, sobre los grandes boxeadores judíos y la huella que dejaron en el desarrollo y la evolución de nuestro deporte que, aunque no sea un fenómeno conocido, fue enorme. Sigo como comentarista en Eurosport, ya van más de veinte años, y con colaboraciones en prensa. Pero lo que más me gustaría es terminar un libro con historias de boxeo, no de ficción, todas reales. Lo tengo empezado pero tengo que encontrar tiempo para terminarlo. Ese proyecto me ilusiona mucho.

¿Qué factores en España hicieron que un gran deporte, referente en los 70 con el fútbol y el ciclismo, tuviera un tan mal trato en los siguientes años? ¿Por qué esa injusticia? Intereses, modas, negocios…
Sinceramente, como dije antes, creo que fue auténtico postureo como se dice ahora. Eso sí, hubo una serie de personas que estaban en puestos de influencia que adoptaron ese rechazo al boxeo casi más como una postura estética y dejaron nuestro deporte muy tocado. Hicieron muchísimo daño. Pero también creo que han quedado ya totalmente desfasados. 

No creo que exista ahora tanto rechazo como pudo haber en esos años. Ahora toca volver a construir. Pero los jóvenes se están acercando al boxeo. Internet y las redes sociales han abierto muchas posibilidades de que la gente encuentre lo que busca y lo que le gusta y hay muchísimos jóvenes aficionados que han llegado al boxeo por estas vías. Y los gimnasios vuelven a estar llenos, tanto de competidores como de gente que tan solo quiere hacer deporte y mantenerse en forma.

¿Hay hipocresía en el tratamiento periodístico del boxeo en la actualidad?
Yo creo que no, lo que pasa es que se ha perdido mucha tradición y las noticias que aparecen de boxeo son escasas. Pero como vimos con el reciente combate entre Mayweather o Pacquiao, prácticamente todos los medios informaban del combate como un gran acontecimiento mundial. Lo malo es que a veces se quedaban solamente con lo anecdótico.

¿Qué estilo era mejor: Ali o Tyson?
-Ambos fueron boxeadores muy especiales, cada uno a su manera. Y con los dos he disfrutado muchísimo. Pero como boxeador, para mí el más cercano a la perfección es Sugar Ray Robinson.
¿Los valores de la época de Schmeling-Joe Louis siguen vigentes?
-Los grandes valores del boxeo siempre se han mantenido a lo largo de la historia. Pero lo de Joe Louis y Max Schmeling es irrepetible. Jamás en la historia ha habido un acontecimiento deportivo de mayor importancia sociopolítica que el campeonato mundial entre Louis y Schmeling de 1938. En realidad fue el primer round de la II Guerra Mundial. 

Un boxeador negro que de golpe se convierte en el símbolo de los Estados Unidos y la democracia y Schmeling, que el pobre sin quererlo, iba a representar la superioridad de la raza aria. Roosevelt por un lado y Hitler por el otro. Un combate con una historia y un trasfondo apasionante. Pero por encima de eso, de esa rivalidad, surgió una preciosa relación de amistad, respeto y cariño entre los dos boxeadores.

Pero un buen ejemplo de lo que prima a nivel de espectáculo periodístico es que no se destacan esos valores y sí por ejemplo el mordisco de Tyson a Holyfield. ¿Sería muy visual como ejemplo no?
-Hombre, lo del mordisco fue tan insólito, y encima con un boxeador tan popular como Tyson, que es normal que apareciera en los medios. Lo malo es no entender que eso fue algo totalmente excepcional y ajeno a lo que normalmente ocurre en un ring de boxeo. 

Si en un partido de fútbol un jugador le pega un mordisco a otro y lo captan las cámaras, lo repetirían también hasta la saciedad, pero todo el mundo lo entendería como algo asombroso y excepcional , sin poner en tela de juicio al fútbol. Con nuestro deporte no ocurre esto. Si algo extraño pasa parece que se pone en entredicho al boxeo en su conjunto.

¿Cuál ha sido su trayectoria a nivel de medios de comunicación?
-Soy licenciado en Periodismo y empecé en una agencia de televisión, EditMediaTV, que fue una auténtica escuela. Fui comentarista de boxeo en Antena 3 TV y llevo ya veinte años como comentarista en Eurosport. También estuve varios años en Radio Marca y he colaborado con muchos medios. En la actualidad escribo de boxeo para El Español.

Desde Nostresport y Radio 4G Valencia llevamos tiempo apostando por deportes no tan bien tratados por la prensa en general como puede ser el fútbol. Ahí está nuestra labor sobre el ‘Tigre de Alfara’. ¿Qué le parecen casos así? Un mito en Valencia, olvidado por la poca cultura de deporte que existe en España… Recuerda el caso a los Paulino Uzcudun, Urtain…
-Creo que en España, salvo excepciones, hemos descuidado mucho nuestro pasado y es una lástima. Por eso considero el libro sobre Martínez de Alfara y todo lo que estáis haciendo como una auténtica joya y un acto de justicia histórica. Han sido grandes deportistas, personajes públicos y auténticos ídolos y no se merecen caer en el olvido.

¿Qué le parecen las películas que se suelen hacer sobre boxeo? De Rocky, pasando por Toro Salvaje, Cinderella Man…

-A Rocky la tengo un cariño especial porque me dejó marcado, aunque también creo que las sucesivas películas empezaron a caer en un boxeo ficción excesivamente exagerado. A mí me gustan más las películas basadas en biografías reales como “Toro Salvaje”, “Cinderella Man” o “Marcado por el odio”. El boxeo tiene tanta riqueza en historias reales que no le hacen falta guionistas. Hay biografías de boxeadores que son increíbles y apasionantes. Por lo general, las películas basadas en guiones ficticios tienden a caer en los tópicos. Me quedo con las historias reales.

En España, ¿Se entiende de boxeo o es sólo una pasión? ¿Hay entendidos, pero son pocos, o se domina aceptablemente?
-Se ha perdido mucha tradición. Hasta bien entrados los 90, en cada medio de comunicación importante había alguna persona más o menos especializada en boxeo, aunque compartiera esa función con otros deportes y eso se perdió. Aunque soy optimista porque, en parte gracias a las redes sociales, es algo que se va recuperando.

¿Cómo ve el futuro del boxeo en España?
-Sinceramente, con optimismo. El boxeo siempre ha resistido a pesar de que hemos tenido etapas muy difíciles. Aquí, sin el apoyo firme de una televisión, es difícil planificar y a nuestros boxeadores les toca generalmente salir fuera a disputar títulos. Pero el número de licencias crece y hay mucho más boxeo de lo que la gente se cree.

Alemania es ,en Europa, de las naciones donde más se apuesta por lo pugilístico. ¿Es el ejemplo a seguir?

-En Alemania lo que ocurrió en el boxeo fue una auténtica eclosión. Hubo una figura, la de Henry Maske, campeón olímpico con la República Democrática de Alemania, que tras la unificación pasó a profesional y se proclamó campeón del mundo. Se convirtió en un fenómeno de masas y casi en un símbolo de la nueva Alemania. Abarrotaba los recintos y batía todos los récords de audiencia en televisión. 

El boxeo se puso de moda y todas las figuras del arte, la cultura y la política se pegaban por aparecer en las veladas. Y a la estela de ese fenómeno, y con el poderío económico que tienen, Alemania se convirtió en una gran potencia donde el boxeo es uno de los deportes más seguidos y respetados. Es un modelo que creo que es imposible reproducir en España. En Gran Bretaña el boxeo siempre será uno de los deportes más populares y más arraigados en su cultura, de ahí que los canales de televisión den boxeo y puedan meter 60.000 espectadores en Wembley para ver un combate.

Los grandes lugares clásicos para crear boxeadores pueden ser México, USA, Irlanda, Filipinas, Cuba, Rusia… ¿Pero qué nuevos países son clave para el futuro?

-Es curioso el caso de Japón, uno de los países más prósperos del mundo y que vive un momento dorado en boxeo. Siempre han tenido buenos campeones pero en la actualidad se están convirtiendo en una auténtica potencia en las categorías livianas. Y ojo también a China. Aún les falta mucho, pero se están volcando con el boxeo y creo que si trabajan bien tendrán sus frutos.

En la actualidad, ¿Qué boxeadores son los mejores 'libra por libra' del mundo y de España?

-En el mundo, me quedo con Román “Chocolatito” González, Gennady Golovkin y Andre Ward. Aunque al que más admiro en todos los sentidos es a Bernard Hopkins, una auténtica leyenda. En España, indiscutiblemente, Kiko Martínez. Pero hay muchos más. Y no debemos olvidar que tenemos dos campeones de Europa como Rubén Nieto y Juli Giner.

El Pacquiao-Mayweather es negocio o boxeo…
-El boxeo siempre es deporte, espectáculo y negocio. El combate entre Mayweather y Pacquiao llegó al menos cinco años tarde y en ese sentido el aspecto deportivo se resintió un poco. Pero no el del negocio, porque se han batido todos los récords en lo económico. Todo va unido y si el boxeo es un buen negocio eso repercutirá en que mejore el espectáculo y el aspecto deportivo. Lo que pasó en este caso es que el combate resulto un tanto anodino y decepcionante, que es algo que puede ocurrir. En este caso creo que fue porque el combate llegó demasiado tarde.

¿Estructuraría de otra manera los pesos y los cinturones para unificar un poco ese caos?
Ese es el gran problema del boxeo, su caos organizativo y la proliferación de títulos que lo que ha provocado es una devaluación de estos. Eso despista al aficionado y hace que el boxeo sea el deporte peor estructurado. Aún así, las grandes figuras y los grandes combates están por encima de esos múltiples organismos. Yo siempre digo que el boxeo es tan grande que es capaz de seguir adelante a pesar de esta situación caótica.

11 nov 2015

"Jamás una guitarra ha sonado como la de BB King en Zaire"

[Entrevista para Rockandtroll]

¿Qué podemos encontrar en un directo de The Downtown Alligators? ¿Qué proyectos tenéis en mente como banda? ¿Disco pronto?

The Downtown Aligators es una banda planetaria de Rhythm&Blues formada por cinco pájaros durísimos y tocamos habitualmente en el circuito de clubes de Madrid, con alguna salida ocasional a otros sitios. Ya llevamos casi nueve años dándole caña. Creo que tenemos un directo de mucha energía y que conectamos bien con el público. Tenemos tres discos y en breve sacaremos el cuarto. Nuestra máxima aspiración es hacer una gira por Soria y forrarnos.
Si queréis seguirnos: www.facebook.com/thedowntownalligators

¿Vais a volver a retransmitir juntos en Eurosport la WWE SmackDown, Emilio Marquiegui y tú o seguís en el curso sobre gente que tiene renifleurismo?
Espero que vuelva la WWE a Eurosport. No es descartable. Son asuntos de negociaciones de derechos y esas cosas que se nos escapan. Eso sí, no podemos parar nuestro proceso de formación, que nadie nos pueda acusar de movernos menos que el sueldo base. En el caso de Emilio, el renifleurismo es algo que le ocupa y le preocupa desde hace tiempo, hasta el punto de que se ha convertido en una eminencia en la materia y aspira a ser nombrado algún día Doctor Honoris Causa por la Universidad de Algeciras. A mí me ha interesado más adentrarme en la Osssssssteopatía, especialmente aplicada a prevenir posibles acalambramientos en el uraco que a la larga podrían provocar unas aerofagias durísimas.

¿Qué opinión tienes del gran Emilio Marquiegui? ¿Y de Chiquito de la Calzada?
El Marquiegui y yo nos conocemos desde hace un montón de años, cuando no había ni niños para jugar. Creo que hemos formado una pareja muy bien compensada como Mauri y Maguregui, Simon y Garfunkel, Banner y Flappy o Ramón y Cajal. Nos lo hemos pasado muy bien trabajando juntos y también, por supuesto, antes y después. Recuerdo una vez, en Canarias, que íbamos en un taxi en un trayecto largo e íbamos los dos diciendo paridas todo el rato y de cachondeo. Cuando llegamos al destino, nos dimos cuenta que el taxista estaba llorando de risa. Nos dio la mano y nos dijo que había sido la mejor carrera de todos sus años como taxista. Nos lo pasamos bien tanto trabajando como cuando nos vamos por ahí a echar unas chicotadas.

En cuanto a Don Gregorio, sencillamente es el tío más grande que ha dado este país desde tiempos de Juana “La Beltraneja”. Incluso desde antes. He tenido la oportunidad de conocerle en persona y compartir algunos momentos muy buenos. Genial y original, es para nosotros figura de culto y veneración.

¿Irás a ver Rocky VII? ¿El cine por normal general trata bien al boxeo? ¿Una película para recomendarnos de boxeo? ¿Un libro para iniciarse en el boxeo? ¿Un documental tremebundo de boxeo internacional o nacional?
Me imagino que sí que iré a verla aunque las películas de Rocky, salvo la primera, no son de mis preferidas. El cine y el boxeo están estrechamente unidos desde los comienzos de ambos. Hay muy buenas películas aunque creo que muchas de ellas, las basadas en novelas, caen en exceso en los tópicos de siempre. A mí las que más me gustan son las basadas en las vidas de boxeadores de verdad, porque este deporte ha dado historias reales que no pueden ser superadas ni por los mejores guionistas de Hollywood. “Toro Salvaje” es un clásico con De Niro interpretando a Jake La Motta. También destacaría “Marcado por el odio”, en la que Paul Newman hace de Rocky Graziano, y “Cinderella Man” sobre James Braddock. Tampoco deberíamos olvidar “Yo hice a Roque III” de Pajares, Esteso y Ozores. Es divertidísima.

En cuanto al documental, me quedaría con “Cuando éramos reyes” sobre el combate entre Foreman y Ali en Zaire. Un combate mágico. Y a su alrededor, un gran concierto de música negra con astros de la talla de BB King o James Brown. Sinceramente creo que jamás en la historia una guitarra ha sonado de una manera tan mágica como la de BB King en el concierto de Zaire.

Y en cuanto al libro, os recomiendo que esperéis porque estoy preparando uno. Todavía me va a llevar tiempo pero estoy muy ilusionado con ese proyecto.

¿De dónde viene esa pasión por el boxeo? ¿Te ha enseñado muchas cosas este deporte? ¿La gente que práctica boxeo está hecha de otra pasta?
Curiosamente me enganché al boxeo con diez años o así, con el estreno de Rocky. Fue un flechazo inexplicable. A día de hoy sigo este deporte con la misma pasión. Me encanta verlo y vivirlo. También su historia, sobre todo en los años 30, 40 y 50, llena de vidas y acontecimientos increíbles.

Yo diferenciaría lo que es practicar boxeo y ser boxeador. Practicar lo podemos hacer más o menos todos: entrenarnos, ir al gimnasio, hacer unos guantes… Ser boxeador es otra cosa, algo mucho más serio. El que es boxeador sí que está hecho de otra pasta.

A parte de nutrirte del buen blues...¿Escuchas otros estilos musicales como: rock, punk o heavy? ¿Bailas bachata?
Sobre todo blues, rhythm&blues, rock&roll, rock clásico, soul… La única bachata que me gusta es la de chufa. Heavy y punk, no tanto. Aunque el primer gran concierto al que asistí, con catorce años, fue de los Ramones. Fue un pandemónium tremebundo y una inyección de adrenalina terrorífica. Al salir acabé dando la mano dos o tres veces al mismo.

¿Un bar para tomarse una cerveza tranquilamente por Madrid? ¿Un sitio para perderse por Madrid?
Cuando salgo suelo hacerlo a locales con música en vivo. Os recomendaría La Coquette, el templo del blues en Madrid y la cueva más maravillosa de la Europa septentrional y parte del extranjero, el Café Populart, El Junco o el Bogui Jazz, todos ellos con una programación de música en directo de mucha calidad. No hay nada mejor que estar en un buen local, arreándote un leñazo mientras disfrutas de una buena banda en vivo.

¿Con que te quedas: prensa escrita, radio o televisión?
Me gusta todo y he disfrutado muchísimo haciendo las tres cosas. Pero si me tuviera que quedar con una, creo que sería comentado combates en directo por televisión. 

¿Qué es ser del Atleti? ¿Ves a este Atlético de Madrid capaz de ganar una Champions?
Lo de ser del Atleti es difícil de explicarse en palabras, pero es algo que forma una parte muy importante de mi identidad como persona. Son vivencias, experiencias, recuerdos, sensaciones y sentimientos que se acumulan desde que empecé a ir a Calderón siendo un niño. Ser del Atleti, para mí, implica ver y vivir las cosas de una forma muy romántica y apasionada. Y lo de la Champions, llegará. No me cabe duda. Pero mientras tanto vivimos el día a día, el partido a partido, porque para nosotros el mero hecho de ser atléticos es más importante en sí que cualquier título que se pueda conseguir.

Ya por último y para cerrar esta entrevista, Jorge Lera, me gustaría preguntarte si tienes algún mensaje que transmitir al gremio de artistas, toreros y caricatos excéntricos o al mundo en general. Lo que sea y se te pase por el maquinario...
Pues que cuidemos el medio ambiente y nuestro entorno, que últimamente las calles tienen más roña que la panza de una burra. También que apoyemos en nuestras ciudades los locales que apuesten por la música en vivo. Sin conciertos, la vida sería muy aburrida. Hay que salir y estar activo, que hay gente que se mueve menos que los dientes de arriba. Y eso no puede ser. ¡¡A la looooonaaaaaaaaa!!

28 jun 2013

La falsedad histórica de 'El terror del Garden'

[Publicado en Espabox]
Hemos leído recientemente algún escrito periodístico sobre Mike Tyson, y nos apena ver que algunos todavía usan apodos que nunca existieron, sin comprobar que en ningún lugar del mundo se utilizan. Pero, bueno, por ello, recordamos aquí un artículo sobre el tema que escribimos hace algún año.

Mike Tyson no es, nunca fue, y nunca será 'El Terror del Garden'. Es éste un sobrenombre que sólo se lee y escucha en España y que encierra una falsedad histórica. Es algo que se vio repetido hasta la saciedad, incluso en los anuncios publicitarios del canal español que nos transmitía los combates del norteamericano. Creo que el inventor del original apodo fue nuestro singular amigo Lorenzo Sánchez Arroyo, que lo empezó a utilizar a mediados de los ochenta, cuando nos informaba de la actualidad del boxeo internacional en las páginas del diario AS. El siempre original Lorenzo buscó un apelativo que 'pegara' en esa época en la que el joven neoyorquino sorprendía al mundo con un ascenso meteórico basado en una concatenación de victorias por fuera de combate, a cuál más espectacular.

Pero, y esto lo sabía el inventor del mote, en el legendario Madison Square Garden, otrora indiscutible catedral del pugilato mundial, Tyson solamente consiguió un único y solitario triunfo por KO. Sin embargo, por un proceso de mimetismo conjugado con el desconocimiento, el apodo caló hondo en nuestro país. 

Cuando Tyson boxeó por primera vez en el MSG, ya llevaba veinte combates profesionales a sus espaldas. Fue en mayo de 1986, y no causó terror puesto que no logró terminar antes del límite con Mitch Green, un macarra neoyorquino con quien, dos años más tarde y bien entrada la madrugada, Tyson tendría una pelea mucho más espectacular en las calles de Harlem, y su victoria a los puntos fue considerada como una relativa decepción dado que, hasta ese momento, con la única excepción de James Tillis, el discípulo de Cus D’Amato había noqueado a todos sus rivales.

Su segunda y última aparición en el mítico recinto tuvo lugar el mismo año. El 13 de junio, Tyson consigue su único KO en el Garden. La víctima fue Reggie Gross, un mediocre púgil que comenzó como semipesado y que no logró superar el primer asalto. Fue un combate sin trascendencia que se utilizó como aperitivo para el campeonato del mundo del ligero entre los puertorriqueños 'Macho' Camacho y 'Chapo' Rosario. 

Y ahí se acaba la historia de Tyson y el Madison Square Garden. Hubiera sido más lógico llamarle simplemente 'Iron Mike', que es así como se le conoce en Estados Unidos y en el resto del planeta. O el 'Terror de Atlantic City' o 'El Terror de Las Vegas', porque en los cuadriláteros de los casinos de estas capitales del vicio, Tyson sí sembró pavor. Aunque, eso sí, amigo Lorenzo, nunca hubiera sonado tan bien.

22 oct 2008

El gimnasio Stillman

[Publicado en Espabox]
Me gustaría invitaros a dar un salto en el tiempo y en el espacio para recordar el que ha sido el mayor templo de conocimiento y sabiduría boxística de todas las épocas: el gimnasio de Stillman, en Nueva York, durante años el centro de trabajo de los mejores boxeadores, mánager y entrenadores de la historia del noble arte. O como lo llamaba el genial escritor A.J. Liebling, la Universidad de la Octava Avenida. Y es que el gimnasio de Stillman es al boxeo lo que las universidades de Salamanca, Harvard, Oxford y Cambridge juntas son al conocimiento humano. 

Los orígenes del más legendario gimnasio de boxeo se remontan a los años posteriores al final de la Primera Guerra Mundial. Un rico filántropo de nombre Marshall Stillman, con la ayuda de Lou Ingberg, construyó un gimnasio en Harlem para ayudar a la rehabilitación social de gente que salía de la cárcel. Pero por desgracia, el gimnasio era habitualmente robado y saqueado precisamente por aquellos individuos a los que el humanista pretendía ayudar.

Por aquel entonces, el gimnasio más famoso de boxeo era el Grupp's, donde entrenaba Benny Leonard, uno de los más grandes campeones de la historia. Junto a él, siguiéndole los pasos, también acudían los más destacados boxeadores de Nueva York. Casi todos ellos, como el propio Leonard ,eran judíos. En cierta ocasión, el propietario del gimnasio, Bill Grupp, un borrachín de origen holandés, no tuvo mejor ocurrencia que hacer una serie de comentarios antisemitas de muy mal gusto. Disgustado, Benny Leonard, el líder de todos ellos, decidió que tenían que cambiar de gimnasio. Benny y el resto de boxeadores escogieron el de Stillman, aunque hasta entonces nunca se había dedicado especialmente al pugilismo.

Eran tiempos en los que el boxeo emergió con fuerza y se convirtió en un auténtico deporte de masas. Cuando Benny Leonard empieza a entrenarse en el Stillman's el local se llena de aficionados que acuden a ver en persona al popularísimo campeón del mundo del peso ligero. Diariamente acudían a verle decenas, cientos de personas. Y Lou Ingberg, que es quien dirige realmente el gimnasio, ve que existe una gran posibilidad de negocio si cobra entrada a cada uno de los aficionados. 

Ingberg, entonces, decide hacer una valiente e importante inversión y construye en la Octava Avenida de Nueva York un nuevo gimnasio, más grande, que seguirá llamándose Stillman's Gym. Y desde entonces, a Lou Ingberg se le comienza a conocer por el nombre de su gimnasio, por el apellido del original filántropo: ahora todos le llaman Lou Stillman o simplemente señor Stillman.

Todos los más grandes campeones de esa época pasarán por el gimnasio de la Octava Avenida. Desde Joe Louis a Rocky Marciano. Rocky Graziano, Jake la Motta , Joey Maxim, Jersey Joe Walcott. Incluso legendarios ex campeones como Jack Johnson o Jack Dempsey frecuentaban el peculiar recinto.
El local tenía personalidad propia. Una escalera como cochambrosa entrada y dos pisos para trabajar. El principal, con dos rings donde de forma ininterrumpida se hacía guantes. El piso de arriba, dedicado a los sacos y a los punching balls, con un espacio para hacer sombra y comba. 

El gimnasio lo dirigía personalmente Lou Stillman, que acabará convirtiéndose en un personaje de leyenda. Respetado y temido, célebre por su mal genio y su hiriente sentido del humor. Dirigía su negocio con mano de hierro. Nunca acudía a su centro de trabajo sin su revólver del calibre 38 bien visible. Y es que Stillman solía decir con cierto orgullo que en su local no cabían las confianzas. Al menos una docena de los alumnos de su particular academia acabaron en la silla eléctrica.

El gimnasio era de película, o mejor dicho, los gimnasios de las películas están basados en el gimnasio de Stilman. Un ambiente cerrado, olor a sudor y a linimento mezclado con el humo de los cigarrillos y puros de los mánager y de los espectadores. En el piso principal, en el de los dos cuadriláteros, había espacio para unas veinte filas de sillas plegables donde se sentaban los aficionados. Por veinticinco centavos, o cincuenta centavos a partir de los años cincuenta, podían ver espectaculares sesiones de guantes y observar en vivo a los más destacados campeones del mundo. Los aficionados sentados, los mánager siempre de pie. Se consideraba que ver los entrenamientos desde una silla era poco profesional. 

En la entrada estaba Jack Curley, el encargado. Un personaje de carácter inalterable que, según contaba un ex campeón, hubiera sido capaz de negar la entrada al mismísimo Jesucristo si antes no le arreaba los cincuenta centavos. El insigne escritor A.J. Liebling decía de él que con el tiempo había entrenado a la perfección sus músculos faciales para evitar cualquier gesto de reconocimiento. En cierta ocasión el campeón del mundo Jimmy Carter necesitaba entrar en el gimnasio para hablar con su apoderado. Curley puso cara como de no reconocer al celebérrimo campeón mundial y le espetó: “Me importa un carajo quién seas. O me sacudes los cincuenta centavos o tú de aquí no pasas”

No había espacio para las confianzas en el gimnasio de Stillman. El propietario, siempre con su revólver bien visible, tenía una oficina desde la que veía los rings de entrenamiento. Desde ahí anunciaba por megafonía el orden en que los boxeadores deberían subir al cuadrilátero. Su carácter agrio y su permanente mal humor eran bien conocidos en los ambientes boxísticos. Stillman lo tenía claro, una de sus máximas era: “me da igual que sean grandes o pequeños, campeones del mundo o simples paquetes. Yo a todos los trato de la misma manera: mal. Si les tratas como humanos acaban comiéndote vivo”. Stillman les gritaba, les faltaba, les menospreciaba, sí, pero siempre con mucha clase.

El gimnasio era realmente apestoso. Sudor, cuero, linimento y humo en un ambiente cerrado. Las paredes sucias y desconchadas, decoradas con amarillentos carteles de combates y trozos de escayola que permanentemente se caían del techo. Y algo de obligado cumplimiento: las ventanas siempre cerradas. Si algún boxeador pedía a Stillman que abriera las ventanas para que entrara un poco de aire fresco, la respuesta del propietario era siempre la misma: “Chaval, búscate otro gimnasio”. Tras unas horas allí la ropa apestaba a tabaco. Eso sí, en los vestuarios, en los que había tres duchas que no siempre funcionaban, se exhibía un cartel bien grande que decía: “Lavad vuestras ropas, por orden de la comisión atlética”.

Cuenta la leyenda que ese ambiente del gimnasio de Stillman tenía propiedades mágicas. En cierta ocasión, el campeón del mundo del pesado Genne Tunney pidió que se abrieran las ventanas para recibir aire fresco. El campeón del mundo del peso pluma, Johnnny Dundee, le dijo: “¿Estás loco o qué? ¿Aire fresco? Seguro que es perjudicial para la salud".

También se recuerda como el entonces campeón del mundo del ligero, el mítico Beau Jack, dejó el gimnasio de Stillman para preparar la defensa de su título ante Bob Montgomery. El campeón, que era uno de los habituales del gimnasio, decidió cambiar de aires para su puesta a punto y montar su cuartel general en la montaña. Perdió. Tras la derrota, Jack opta por abandonar el aire limpio del campo y retornar al sucio ambiente del Stillman's . En el combate de revancha Beu Jack recupera su título. Las propiedades terapéuticas del hediondo aire del gimnasio quedaron definitivamente demostradas.

Pero en el Stillman's no solo estaban los mejores boxeadores sino también los mejores maestros, los mejores preparadores de la historia. Ray Arcel que entrenó a Benny Leonard, Tony Zale y Kid Gavilan entre otros, y que ya de mayor fue fundamental en la carrera de Roberto Durán , Freddie Brown, posiblemente el mejor cutman de la historia, Manny Seamon, Whitey Bimstey, Al Silvani, Charley Goldman... Los mejores, los más grandes. Allí aprendió el oficio Angelo Dundee, que acabó de entrenador de Muhammad Ali y de Sugar Ray Leonard, pero que en el Stillman's era el chico que llevaba el cubo o el encargado de coger el teléfono. O el mítico Lou Duva, que tras acabar su jornada de camionero iba a recibir su educación en el cochambroso gimnasio. Lou Duva lo tenía claro: “Esos eran los entrenadores que más sabían, los de mayor experiencia, los de más conocimientos. No como los de ahora”.

Las jornadas de trabajo eran duras e intensas. De doce a cuatro ininterrumpidamente. Todo el mundo haciendo guantes. Los boxeadores aprendían al medirse a rivales de mayor nivel en el gimnasio. Y lo más importante, todos los días, de lunes a sábado, boxeo. A diario en Nueva York: los lunes en el Saint Nicholas Arena, el mítico Saint Nicks, los martes en el Broadway Arena, los miércoles en White Plains, los jueves en el Bronx Coliseum, los viernes la gran velada del Madison Square Garden y los sábados en el Rigdewood Grove. Además, también semanalmente, había veladas en el Laurel Garden, en el Coney Island Arena, en Fort Hamilton y en el Queensboro. Los entrenadores no daban abasto. Entrenaban por la mañana y estaban en la esquina por las noches. Trabajaban de cinco a seis combates al día, todas las semanas, todos los meses del año. Los boxeadores empezaban como teloneros en las veladas de club. Aquel que destacaba especialmente podría llega a protagonizar el combate de fondo. De ellos, los mejores se incluirían en los combates preliminares de las veladas del Madison Square Garden. Si un boxeador seguía ascendiendo y llegaba al semifondo o al combate de fondo del Garden, es que entonces estaba preparado para ser campeón del mundo.

Pero el Gimnasio de Stillman no era sólo la academia y la universidad. También era La Bolsa , el mercado de valores del boxeo. Todos los mánager de Nueva York estaban a diario en el Stillman's. Siempre de pie, siempre fumando. En una de las paredes del piso de abajo, el de las sesiones de guantes, había cinco teléfonos de monedas. Allí entraban llamadas de todo el mundo. Cualquier promotor que buscaba un boxeador llamaba al Stillman's. Incluso había riñas para ver quién cogía primero el teléfono. El primero en hacerlo sabía que tendría trabajo para sus púgiles. Por ello, Stillman decidió poner siempre a un encargado. Míticos personajes del boxeo como Al Braveman o Angelo Dundee empezaron recogiendo llamadas en el gimnasio de Stillman.

Era una época en la que se vivía boxeo, se respiraba boxeo. A pocos metros del gimnasio estaba el Madison Square Garden. Y también cerquita el Neutral Corner, el Rincón Neutral. Allí comían y bebían apoderados, promotores, boxeadores en activo y retirados, apostadores profesionales, mafiosos y aficionados. Otro de los habituales era el insigne escritor A.J Liebling, el que mejor supo retratar este ambiente en sus geniales escritos. Tras la barra, atendiendo al variopinto personal, el gran Toni Janiro, que nunca llegó a campeón mundial pero que fue uno de los boxeadores más populares y taquilleros de Nueva York. Y bien cerca de la caja registradora, un ejemplar del libro de records de The Ring, el libro de Nat Fleischer, juez absoluto e indiscutible en cualquier apuesta o discusión. 

Jamás el boxeo adquirió un nivel similar al de las décadas de los cuarenta y los cincuenta. Pero poco a poco, la televisión fue acabando con las veladas de clubes y empezó a disminuir el trabajo para púgiles y preparadores. 

En 1959, el viejo Lou decide cerrar el gimnasio y vivir de las rentas. Un acontecimiento impactante, realmente luctuoso. El cierre del gimnasio de Stillman apareció en la portada del New York Times: “Me voy, echo el cierre al negocio. Los boxeadores de hoy en día son unas niñas. Esto no es como cuando los boxeadores respiraban aire viciado y comían malos alimentos. Ahora es todo distinto. Los chavales tienen dinero en los bolsillos pero no saben ni reír.” 

El gimnasio ya era historia. Stillman se marchó a California a vivir con su hija y allí se dedicó a pintar al óleo. Pero como años después reconocería a Al Braverman, vender el gimnasio fue el mayor error de su vida. El viejo cascarrabias ya no tenía con quién hablar ni a quién echar broncas. Murió a los 82 años en una residencia, justo diez años después del cierre de su legendaria academia. 

En la actualidad, en el espacio dónde se encontraba el sagrado recinto del conocimiento boxístico, el 919 de la Octava Avenida , se alza un impersonal edificio de apartamentos. Ni siquiera una simple placa para recordar el lugar donde se dio una mayor concentración de sabiduría pugilística, donde más sudor se derramó, donde se hicieron más asaltos de duro guanteo, donde más chavales se educaron en la dulce ciencia. Nada. El gimnasio de Stillman es desde hace ya mucho simplemente un recuerdo, una leyenda. Un lugar irrepetible.